Clarita Montes, la mujer de Kurt Savoy

Kurt Savoy y Clarita Montes

Dentro del universo artístico y personal de Kurt Savoy, existe una figura que representa tradición, carácter y pasión escénica: su esposa, la torera francesa Clarita Montes, una mujer que ha construido su propio camino dentro del exigente mundo de la tauromaquia.

La historia de Clarita Montes no pertenece solo a la tauromaquia; pertenece a la memoria cultural de una época en la que el coraje personal podía romper prohibiciones, cambiar leyes no escritas y abrir caminos donde antes solo había puertas cerradas. Su vida es un relato de pasión heredada, audacia juvenil, fama inesperada y un encuentro decisivo con Kurt Savoy, con quien compartiría un destino marcado por el arte y el amor.


Infancia entre toros y relatos de frontera

Clarita —cuyo nombre real es Claire García Sarrion— nació en Francia, hija de emigrantes españoles que cruzaron la frontera durante los años de la guerra civil buscando trabajo y seguridad. Su familia llevaba España en la sangre y la tauromaquia en la memoria. Fue su abuelo Eugénio quien sembró la semilla: un aficionado apasionado que la llevaba a las plazas desde muy pequeña.

Sentada sobre sus rodillas, Clarita absorbía el ritual completo: el olor del ruedo, la tensión del silencio, la embestida del toro y el rugido del público. Mientras otros niños miraban con distancia, ella imaginaba su propio cuerpo trazando verónicas. Aquella fascinación no era un juego: era una llamada.


Formación y vocación temprana

Con solo 12 años, Clarita se inscribió en la Escuela Taurina de Nîmes, uno de los centros de referencia del toreo en Francia. Allí aprendió técnica, disciplina y respeto por el animal. Aprendió también a dominar el miedo, una lección esencial para quien sueña con el ruedo.

Pronto fue conocida como “la petite torera”. Toreaba en tentaderos, entrenaba con constancia y crecía con una idea clara: su destino no estaba limitado por el género. A medida que se hacía mayor, comenzó a actuar en plazas francesas, ganando experiencia y confianza. Sin embargo, su horizonte miraba más lejos: España, la tierra de los grandes mitos.


El muro español y la idea imposible

En los años sesenta, el toreo femenino estaba prohibido en España. Aquella norma no escrita era infranqueable para cualquier mujer, por muy preparada que estuviera. Clarita lo sabía. También sabía que no pensaba rendirse.

Junto a su hermano Albert García, viajó a España con un objetivo claro: torear. Tenía amistad con toreros que actuaban en Francia y, gracias a esos contactos, conoció a Vitoriano Valencia, una figura destacada del momento. Con él diseñó un plan audaz: tirarse de espontánea en una plaza española.

El primer intento debía realizarse en Barcelona, pero una avería en el ascensor que los llevaba a Montserrat frustró la cita. Vitoriano pensó que Clarita había dudado. Ella explicó lo ocurrido. El plan no se canceló: se trasladó.


Getafe, 22 de noviembre de 1965

La fecha quedó grabada para siempre. En la Plaza de Toros de Getafe, Clarita saltó al ruedo como espontánea. El toro pertenecía a la temida ganadería de Vitorino Martín, famosa por su bravura. El impacto fue inmediato.

Los guardias se abalanzaron para detenerla, pero ocurrió algo decisivo: los toreros formaron un cerco protector. Vitoriano Valencia, Antonio Ortega “Orteguita” y otros compañeros impidieron que se la llevaran presa. El público enloqueció. Aplausos, gritos, emoción.

“¡Brava, Clarita! ¡Eres una verdadera torera!”, gritó Vitoriano.

Aquella tarde, Clarita no solo toreó un toro; derribó una frontera simbólica.


De espontánea a fenómeno mediático

Al día siguiente, Clarita ocupaba portadas en España y Francia. “La francesa que desafió a los toros”. “La mujer que se lanzó al ruedo”. Su historia se propagó con rapidez.

La prensa desveló su origen: hija de Anselmo García, nacido en Coca, y Isabel Sarrion, natural de Xàtiva; emigrantes que habían reconstruido su vida en Francia. Clarita se convirtió en símbolo de valentía, pero también de identidad compartida entre dos países.

La fama llegó de golpe. Y con ella, un giro inesperado.

Origen y vocación taurina

Clarita Montes nació en Francia, país con una arraigada tradición taurina especialmente en el sur, donde la cultura del toro forma parte del patrimonio histórico y artístico. Desde muy joven mostró interés por el arte del toreo, una disciplina que exige preparación física, control emocional y una profunda conexión con la tradición cultural.

Su vocación se desarrolló en un entorno donde la tauromaquia se vive como expresión artística, lo que la llevó a formarse dentro del circuito taurino francés, adquiriendo técnica, disciplina y un estilo propio que pronto llamó la atención del público.

Kurt Savoy con Clarita Montes

Una trayectoria marcada por el estilo y la elegancia

A lo largo de su carrera, Clarita Montes ha destacado por un concepto del toreo basado en la elegancia, la serenidad y la expresión artística. Su forma de interpretar la lidia ha sido reconocida por transmitir sensibilidad y respeto hacia la tradición taurina, combinando firmeza técnica con un sello personal muy definido.

Su presencia en los ruedos ha contribuido a reforzar el papel femenino dentro de la tauromaquia, un ámbito históricamente dominado por hombres. Con determinación y profesionalidad, Clarita ha sabido ganarse el respeto del público y de los aficionados, consolidándose como una figura representativa dentro del panorama taurino contemporáneo.

Kurt Savoy con su esposa

Encuentro con Kurt Savoy: unión de dos artes escénicas

La historia personal de Clarita Montes está profundamente ligada a la de Kurt Savoy, artista internacional conocido por su trabajo como silbador, guitarrista y compositor de músicas cinematográficas. La relación entre ambos representa la unión de dos disciplinas escénicas distintas, pero conectadas por elementos comunes: el espectáculo, la emoción y la conexión directa con el público.

Tanto la música como la tauromaquia comparten una dimensión artística basada en la interpretación en vivo, donde cada actuación es única e irrepetible. Esta afinidad ha sido un punto de encuentro fundamental en la vida de la pareja.

Pocos días después de su hazaña, Madrid fue escenario de un cruce decisivo. En el Cerro de los Locos, dentro de la Casa de Campo, Clarita entrenaba con un carrito con cuernos, simulando la embestida de un toro. En ese momento pasaba por allí Kurt Savoy, camino de una actuación en televisión.

Kurt se detuvo. Observó. Quedó impresionado.

“Frêne, mira qué maravilla”, dijo a su chófer.

Aquella mujer era Clarita Montes.

La invitaron a verle actuar esa misma noche. Kurt no creía que aceptara. Pero lo hizo.


Una noche que cambió dos vidas

Cuando Clarita apareció en el local donde Kurt actuaba, él pensó estar soñando. Hablaron. Se miraron. Descubrieron afinidades profundas: ambos vivían el arte como entrega total, como riesgo escénico, como verdad.

Kurt cantó. Clarita escuchó. La noche avanzó sin que ninguno quisiera que terminara. Aquella no fue una simple cita: fue un reconocimiento mutuo.


Amor a primera vista y decisión radical

El flechazo fue inmediato. Kurt le propuso acompañarlo a París, formar parte de su mundo artístico. Clarita dudó: dejar España, la tauromaquia, su familia. Pero el amor fue más fuerte.

Tomó la decisión. Cerró una etapa. Abrió otra.


Vida compartida y advertencias

La conexión entre ambos era evidente. Pasaban todo el tiempo juntos. La madre de Kurt, María, lo notó enseguida. También el director del club de jazz donde él actuaba.

“¿Es la mujer de tu vida?”, le preguntaron.

Kurt no respondía con palabras. No hacía falta.


La boda y el legado

Kurt Savoy había dicho siempre que nunca se casaría. Había tenido muchas relaciones. Ninguna como esta. Clarita cambió su destino. Decidió no perderla.

Se casaron. Y con esa decisión unieron dos artes escénicas —la música y la tauromaquia— bajo un mismo hilo: la valentía.

Curro y Clarita

Compañera en la vida y en los proyectos artísticos

Clarita Montes no solo ha acompañado a Kurt Savoy en su vida personal, sino que también ha estado presente en numerosos eventos culturales y artísticos vinculados a su trayectoria. Su apoyo ha sido una constante en proyectos musicales, presentaciones públicas y actos culturales donde la figura de Kurt Savoy ha estado presente.

La relación entre ambos refleja un equilibrio entre tradición y modernidad, donde el arte se convierte en un lenguaje común que une sus trayectorias profesionales.

Curro y Clarita en su boda

Tradición, pasión y legado cultural

La figura de Clarita Montes representa el vínculo entre la cultura taurina francesa y la dimensión artística internacional que rodea a Kurt Savoy. Su historia conjunta simboliza el encuentro entre dos formas de expresión escénica que comparten valores como la disciplina, el respeto por la tradición y la entrega absoluta al público.

Juntos, forman parte de un legado cultural que une música, espectáculo y tradición, manteniendo viva la esencia del arte interpretado con pasión y autenticidad.

Clarita Montes hoy: símbolo y memoria

Clarita Montes representa mucho más que una torera. Es la primera mujer espontánea, una figura que desafió normas desde la convicción y el respeto. Su historia, unida a la de Kurt Savoy, es también la historia de dos artistas que eligieron vivir según su verdad.

Un reportaje de vida, coraje y amor que sigue resonando, como un silbido que atraviesa el tiempo.

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